¿CÓMO ES TU MARATÓN IDEAL?

Disfruto leyendo las crónicas que escriben en foros y redes sociales los atletas sobre sus experiencias en las distintas maratones a la que acuden. Desde el viaje, las visitas a la ciudad, los nervios del día previo, la recogida del dorsal en la feria del corredor, la salida, la temperatura, el ambiente, la llegada…

Y de todo ello, presto especial atención a las sensaciones y la propia descripción de los 42 kms: cómo estaban organizados los cajones, si se han podido colocar bien, si la salida ha sido ordenada, el trabajo de las liebres, si han encontrado grupo, los avituallamientos, si el recorrido tiene más o menos curvas, la animación etc.

Y ahí es donde quería llegar yo: por lo que llevo años escuchando, a la mayoría les gusta ir en grupo, con recorridos variados y espectadores animando en cada momento…así que yo, y algún otro que conozco, debemos ser los bichos raros o, al menos, la excepción.

Esto viene a cuenta de una conversación que surgió hace poco cuando un amigo nos contaba su maratón, en la que, por fin, pudo demostrar todo lo que tiene dentro e hizo una marca acorde a su nivel (¡enhorabuena de nuevo!). Por la razón que sea se encontró solo al de pocos kms de empezar la carrera y así la hizo, sin nadie cerca con quien turnarse para tirar e ir marcando el ritmo.

El primer comentario que suele salir es que yendo en grupo habría hecho mejor marca.

O no.

Porque no es lo mismo que un corredor experimentado te haga las veces de liebre, “trabaje” para ti, al ritmo que los dos sabéis que es el mejor para lograr tu objetivo, que ir en un grupo a tirones o que lleve diferente estrategia que la tuya.

Sí, a tirones, la mayoría de las liebres puestas por las organizaciones cumplen a la perfección su cometido, pero hay otras que, ni llevan un ritmo constante ni cumplen los parciales que deberían. Y el atleta que va incrustado en ese grupo, a veces, no sabe cómo va la carrera porque se fía de quien lo lidera.

Para quien no ha corrido una maratón puede parecer que no hay diferencia entre pasar cada 5000 entre 20” y 25” más lento o más rápido que lo que sabes que debe ser tu ritmo; el ritmo para el que te has preparado. Puede ser la diferencia entre encontrar al señor del mazo o, al contrario, quedarte sin margen de reacción en los últimos kms porque has ido demasiado lento.

El segundo comentario es sobre el propio recorrido, lo que a mucha gente le aburre a mi me encanta: largas avenidas o rectas interminables en las que poner el piloto automático, fijar la vista en el horizonte y machacar el ritmo que llevan tus piernas. No digo que a la mayoría de atletas les gusten las curvas, los giros de 180º y los cambios de sentido, pero sí que les puede llegar a aburrir tanta recta.

Y el tercer comentario, la animación. Importantísima, la gasolina que necesitas en los momentos malos, pero también el exceso de chute en otros. Atravesar una zona de gran animación en la que, además, están tus familiares o amigos echando el resto por ti, pueden jugarte una mala pasada, ojo. Que levante la mano quien no haya pagado las consecuencias, en mayor o menor medida, de ese aliento en carreras de todo tipo.

Agradezco enormemente los ánimos de la gente, de todos, y los necesito como cualquiera, pero el momento en que te encuentras en una recta infinita, sin público ni corredores a tu alrededor, oyendo cómo tus pasos entran hasta el centro de tu cerebro…no lo cambio.

Digo yo que será la famosa Soledad del corredor de fondo.

Esa es mi maratón. ¿Y la tuya?

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